Leer poesía no te da de comer y, sin embargo, alimenta más que cualquier otra cosa. Es por eso que yo siempre recomiendo introducirla en cualquier dieta diaria además de la fruta. Sé que, si no se está familiarizado con el género, al principio, cuesta un poco entrar. Son tiempos de infantilismos varios y atención superficial. El cerebro, por lo general, no está acostumbrado a esa precisión en la palabra, a esa intensidad (da igual cuándo leas esto y qué nivel de estudios tengas). Una concentración de elementos y libertad tal que, dispara demasiadas alarmas y claro, acaba por incomodar. Hay incluso quien dice que no lee poesía porque se pone nervioso o le explota la cabeza. Pero les aseguro que una vez derribado ese primer muro, uno abraza su misterio con alegría y devoción. Empieza entonces otra pantalla de la vida: una en la que gracias a la detenida lectura de unas breves palabras, acaso dentro de un sólo verso, hará posible lo imposible. Quién da más.
También es cierto que uno puede acercarse a la lectura de un libro por distintos motivos. En mi caso, la mayoría de veces, me acerco a ellos por placer. También por trabajo. Pero básicamente por afinidad. Y en el caso de la poesía, si bien soy capaz de disfrutar de propuestas más barrocas, siempre he defendido el verso claro. Sangre seca me parece, en ese sentido, un gran exponente de esa apuesta estética y formal donde podemos encontrar poemas tan rotundos como este que abre el poemario:
TUMBA ABIERTA DE UN NIÑO
Despiertas
y estás dentro de un alud,
sepultado en su luz blanca, de nieve.
Ficticia sensación de empezar algo nuevo,
como un cuentakilómetros
que da toda la vuelta.
¿Y tu niñez,
su fábula de fuentes?
Cada día que pasa, los objetos
van ganando más peso o densidad.
El tiempo. La memoria.
Los buitres, que construyen
en tus ojos
su nido.
Ficticia sensación de estar echando tierra
sobre el féretro de alguien que no ha muerto.
Poesía,
sangre seca.
O este otro:
EROSIÓN
Versión segunda
Asciende un aeroplano
y con su estela va tachando el cielo.
Tengo la sensación de estar equivocándome,
de que algo se pierde
en cada decisión.
Me paro en un semáforo.
Alguien está encendiendo un cigarrillo:
El humo se eleva sobre mí
me condena a la horca.
Se suceden las muertes:
encerrada en un charco,
la luna es alimento para perros.
Frente a la sensación de estar equivocándome,
una sola certeza,
también el agua sucia apaga el fuego.
El libro consta de tres capítulos o bloques bien diferenciados que vienen precedidos por sendas citas, que no se usan como título, sino que son el propio título, como bien escribe el gran Joan Margarit en el generoso epílogo. Estas son:
Crees que estás escapando y corres hacia ti mismo - JAMES JOYCE
Nosotros mismos escondidos detrás de nosotros mismos – EMILY DICKINSON
Voy caminando solo rumbo a la sombra siempre – VICENTE ALEIXANDRE
En ellos he encontrado la voz reflexiva de un poeta delicado y contundente. Un poeta con oficio que desliza multitud de referencias y guiños a la tradición pero que, sin embargo, consigue conservar una luz singular. Se percibe en la poderosa forma de salir de los poemas y en la curiosa manera de romper el verso en ocasiones, y que obliga a la mirada (no sólo al oído) a seguir un ritmo muy concreto, placentero, en todo caso. Tal vez el segundo bloque, en el que el poeta echa la vista atrás y el pasado y la identidad cobran protagonismo, me ha resultado menos redondo, si bien de gran carga emotiva. Destaco, con todo, un poema que viene agrupado bajo el título de CUADERNO DEL DESIERTO, al final de ese bloque. Comparto una parte como muestra. Pura verdad. Puro goce:
I
Llegamos al lugar donde el asfalto
se clava en la piel
leonada
del desierto,
igual que un aguijón.
Si una carretera que no ves
no es una carretera,
los instantes que no recuerdas
¿han sido tu vida?
Este libro, que destila riesgo, respeto, sabiduría y amor por el género, se alzó con el XXIV PREMIO DE POESÍA CIUDAD DE CÓRDOBA “RICARDO MOLINA” y fue publicado por Hiperión en 2017. Como digo, alberga en su interior poemas memorables y notables hallazgos.
Para acabar dejo un poema perteneciente al tercer bloque que resume bien por qué Sangre seca es un poemario que merece lectura. No tienen excusa. No podrán decir que al poeta no se le entiende.
CASI VARIACIÓN LOWELL
Al nacer nos entregan una máscara.
Mi rostro ya ha crecido
hasta encajar en ella.
Nos definen
nuestras limitaciones:
como el ladrón con una sola mano.
Así que fíjate en cualquier persona
y escribe su tragedia.
Hay palabras que en su negrura
brillan
lo mismo que el abdomen de un escarabajo.
Deja hablar a los muertos.
¿O es que al mirar la cuerda del suicida
no la sientes colgar dentro de ti?
Quien atraviesa bosques termina hallando lobos.
Por eso,
sigue alerta.
El dolor es un túnel:
Hay salida.
Por Carlos Torrero
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