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  • Dr. Goodfellow

Entrevista a Susana Hernández Marcet

Bienvenida a la consulta del Doctor Goodfellow. Siéntese y siéntase como en casa. Nosotros haremos lo posible por que así sea. Sepa que es usted libre de contarnos lo que le plazca. Incluso de no respondernos si alguna de nuestras cuestiones le resulta incómoda. O de engañarnos refiriéndonos una de sus ficciones: nunca lo sabremos y no vamos nosotros a molestarnos por ello. Entendemos que los escritores tienen sus manías y sus secretos. Por eso está usted aquí. Por su escritura, no por sus excentricidades, que, como letraherida, se le permiten casi todas.



Si nuestros informantes han hecho bien su trabajo, se llama usted Susana Hernández, nació en Barcelona y ha estudiado Imagen y Sonido, Integración Social, Investigación Privada y Psicología. Sinceramente, creemos que, con esos mimbres, reúne usted el perfil para pasar por esta consulta, pero más bien para ayudarnos.


Entre sus muchas menciones literarias, sabemos que ha sido finalista en el Festival Valencia Negra en 2013 y 2018; en el Tenerife Noir, Salamanca Negra y Premios Novelpol en 2016. Ha ganado el premio a la mejor novela negra en el Festival Cubelles Noir en dos ocasiones, y ha sido nominada al premio Pata Negra del Congreso de Cine y Novela Negra de la Universidad de Salamanca. Rebeca Santana, protagonista de Curvas peligrosas, Contra las cuerdas y Cuentas pendientes, fue elegida mejor personaje de novela negra y policial en 2012 en los Premios LeeMisterio. Ha participado también en varias antologías del género: Elles també maten (Llibres del Delicte 2013), Fundido en negro (Alrevés Editorial 2014), Diez negritos, nuevas voces del género negro (Alrevés Editorial 2015) y un largo etcétera. Parece que en ese ámbito se desenvuelve como pez en el agua, e imaginamos que su formación, especialmente de Investigación Privada y Psicología, le ha venido muy bien para crear sus novelas y sus tramas.


La pregunta es casi obligada: ¿Podría decirnos si estudió todas esas cosas para ayudarse a escribir, o fue lo aprendido lo que la incitó a crear sus personajes? O sea, si fue primero la gallina o el huevo.


Bueno, un poco de las dos cosas. Son materias que me interesan, y por ello también tienen que ver con lo que escribo. Supongo que es un pez que se muerde la cola.

También ha colaborado en diversos medios de comunicación como crítico musical y redactora de deportes, y no le falta experiencia en la radio.


No deberíamos preguntarle cuál de todas sus actividades prefiere, o la que domina mejor, o la que no domina en absoluto y, aun así, reincide en ella, pero vamos a hacerlo igualmente. Diga, diga…


La escritura, claro. Todo lo demás tiene que ver con otras cosas que me apasionan, la música, el deporte, la comunicación, pero la escritura es lo único no podría dejar de hacer. Por otro lado, confieso que echo mucho de menos la radio. Es el trabajo más divertido que he tenido nunca, con mucha diferencia. Guardo grandes recuerdos.

Imparte talleres literarios desde 2011, de cuento, de relato, de microrrelato, de novela, de novela negra… En la consulta del Doctor Goodfellow no somos unos descreídos en este asunto, pero a veces nos parece que los talleres y cursos de escritura creativa proliferan como setas, y a eso se añade que intuimos que hay cosas que no pueden aprenderse, ni siquiera en los libros.


¿Qué cree que aporta usted de novedoso en esos talleres? Cuéntenos: igual por aquí le sale algún cliente.


Novedoso, no sé, no se trata de inventar la pólvora, solamente de dotar de herramientas para la escritura. Lo único que no se puede enseñar es el talento, pero sí se puede pulir, entrenar. Me he encontrado con mucha gente que tiene mucho que decir y que no sabe cómo expresarlo, o al contrario, saben contar bien, pero tiene fallos de base, de planificación, de estructura, que son perfectamente subsanables. Estoy muy orgullosa de los alumnos que publican y también de los que escriben por pasar el rato, que son la mayoría, y eso es fantástico, no tienen presión y le ponen el máximo interés. A mí me habría encantado ir a un taller cuando empezaba, me habría ayudado mucho, pero entonces no se llevaba tanto. Había poca oferta y muy cara.

Hay algo que nos mantiene en ascuas desde que hemos empezado esta entrevista. Porque la mayoría de los componentes de la consulta del Doctor Goodfellow, que escribimos y publicamos y tenemos inquietudes (literarias y en general, tal como está el patio), ejercemos aparte un oficio que nos da de comer, pero nos da la impresión de que a usted la mantienen sus novelas, sus premios, sus talleres, sus informes de lectura…


¿Cómo se vive de la literatura? ¿Bien, mal, regular, con desahogo, de putísima madre? (Sí, es una de esas preguntas que igual no quiere contestarnos)


Se vive. Es complicado, claro. Hay que currar mucho, ser bastante obstinada y tener paciencia. Yo trabajo muchas horas, soy muy cabezona y no voy mal de paciencia. O sea, que cumplo los requisitos. También depende de las circunstancias personales de cada uno, claro. En cualquier caso, no lo cambiaría por nada. O casi nada.


Como escritores sin éxito, nos interesa mucho a los componentes de este gabinete cualquier consejo que pueda aportarnos sobre fórmulas para enfrentarse a la pantalla en blanco.

¿Puede usted contarnos cuál es su método de trabajo? Si primero elabora un guion, si necesita silencio y rutinas, café, güisqui o el humo del tabaco; si escribe varios libros a la vez; si sus personajes la conducen o es usted quien los conduce a ellos…


Lo del silencio es ideal, pero pocas veces se da, al menos en mi caso. La vida diaria es la que es y yo no vivo en una casa perdida en la montaña. Tomo té, frío y caliente. Suelo escribir por las mañanas, aunque me gustan más las tardes, pero tengo talleres, clubs de lectura, presentaciones, etc. Procuro tener clara la estructura, los personajes principales y parte de la trama antes de empezar. Luego, cuando doy por bueno el primer borrador, puedo hacer cinco o seis borradores, hago una escaleta para comprobar que todo encaja respecto a las tramas, subtramas, etc. A veces trabajo en más de un proyecto a la vez, y a veces no, depende. En cuanto a los personajes, siempre los controlo yo. Eso de que van por libre siempre me ha parecido una majadería.


Uno de sus personajes más exitosos, Rebeca Santana, la protagonista, por ahora, de Curvas peligrosas, Contra las cuerdas y Cuentas pendientes, es licenciada en Criminología y Psicología, algo que supongo se exige, o se recomienda, a cualquier subinspector que se precie.


Estará cansada de este tipo de preguntas, pero se la vamos a hacer igualmente: ¿Qué hay de Susana Hernández en Rebeca Santana? ¿Una vocación frustrada de luchar por la justicia? ¿Una forma de vivir lo que de otra manera no sería capaz de afrontar? (Ya sabemos que son varias preguntas en una, pero quizás, en el fondo, sean una misma pregunta.)


La verdad es que hay poco de Santana en mí. Tengo tanto que ver con ella como con otros personajes. Ni mis circunstancias personales ni mi vida en general se asemejan. Me aburriría mucho crear personajes que se parezcan a mí. Sería un tostón. Santana es más lista, y liga más, pero yo vivo mucho más tranquila. Eso seguro.


Se habla mucho de que la historia de la literatura ha sido dominada por hombres, y, si hablamos de género negro, aún se refleja mucho más ese machismo secular.

Usted, que asiste regularmente a todos esos encuentros del noir en España, ¿cómo lo vive? ¿Experimenta algún tipo de marginación por el hecho de ser mujer en un mundo considerado de hombres desde siempre?


Marginación es una palabra muy fuerte y no diría que se corresponda con la realidad, pero si es evidente que se trata de un mundo muy masculino, en el que tradicionalmente las escritoras hemos tenido que picar mucha piedra para abrirnos paso. Y ahí seguimos. La situación ha mejorado de forma notable en los últimos años, pero queda mucho por hacer.




Hace muy poco tiempo ha recibido otro reconocimiento literario, el I Premio de Novela Ciudad de Lebrija, con Cerveza mexicana. No es el primero, acumula muchos en su carrera como escritora, que, según vemos por las fechas de galardones y publicaciones, empezó hace aproximadamente una década. La pregunta parece de perogrullo, pero los componentes de Doctor Goodfellow somos así:


¿Son de verdad importantes, para su reconocimiento y conocimiento por los lectores, tales premios? ¿Ha habido alguno en especial que le haya abierto las puertas al proceloso mundo de la edición y al aún más difícil de la fama?


Los premios siempre son una buena noticia. Sirven, claro. Te dan visibilidad, publicación, y si conllevan premio en metálico, pues mucho mejor. El dinero compra tiempo para escribir y eso es muy valioso. Todos los premios que he recibido me han servido, al principio, cuando empezaba y ganaba premios de relato, para ganar confianza y afianzarme, y ahora, también, sin duda. A todos nos gusta que nos reconozcan el trabajo realizado.


Algunas de estas novelas tienen su propia música, lo que nos hace pensar que pueden estar concebidas con vistas a la gran pantalla. De hecho, usted estudió también (¿hay algo que no haya hecho?) Imagen y Sonido, y, como aparece más arriba, fue nominada al premio Pata Negra del Congreso de Cine y Novela Negra de la Universidad de Salamanca. A eso se añade que en 2015 se estrenó como autora de teatro con la obra El ascensor, que ha sido adaptada al cine, aunque, según hemos podido leer en su página oficial, aún no ha sido estrenada.


Confiese sin pudor: ¿Hasta qué punto, cuando escribe, no está usted pensando en quién representará a tal o cual personaje? (Por cierto: ¿A qué actriz vez usted con posibilidades de encarnar a Rebeca Santana?)


Ja, ja. No, no escribo pensando en adaptaciones audiovisuales, sería pretencioso y poco realista, pero me encantaría, por supuesto. ¿A quién no? En cuanto a Santana, no lo tengo claro. Quizás a una Barba Lennie rubia y con el cabello no muy largo. Lo haría de lujo.


Lo está haciendo usted muy bien. De hecho, estamos llegando al final y apenas se ha movido del diván, y el final requiere siempre preguntar por los próximos proyectos.

Ya sabemos que cuando nos cuente lo que tiene ahora mismo entre manos más de uno va a sentir un ramalazo de envidia, pero adelante, no se corte.


Está a punto de salir una nueva novela. Es un caso curioso, se trata de un personaje que no es mío, la detective madrileña Sonia Ruiz, que crearon Lorenzo Silva y Noemí Trujillo y que en cada nueva entrega cambia de autor. Escritores como Andreu Martín, Claudio Cerdán y Antonio Parra, entre otros, han participado en el proyecto y he tenido la suerte de que me inviten a escribir la nueva entrega. Se titula El diablo me visita y se publica en unas semanas. Y hay más cosillas que todavía están a medias.


Pues muchas gracias. Su tiempo ha terminado. Esperamos que se haya sentido bien. Nosotros hemos estado muy a gusto en su compañía. Ya sabe que aquí tiene usted su casa y su diván por si en otra ocasión lo necesita. No tiene que pasar por caja a la salida; tan solo, si le place, dar difusión a la entrevista, que nunca está de más. ¿O no?

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