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ENTREVISTA A ROSARIO TRONCOSO


Foto: César Custodio Morillo


Bienvenida al gabinete del Dr. Goodfellow. Siéntese cómoda o túmbese si lo prefiere. Y, sobre todo, no se preocupe si esta entrevista no le parece demasiado normal. Es más que probable que esté usted en lo cierto. En cualquier caso, no será culpa suya, sino del entrevistador. Se lo puedo asegurar.

Es usted poeta, profesora, editora, dinamizadora cultural, articulista en prensa escrita… ¿Con cuál de estas etiquetas se siente más incómoda? ¿Por qué?


Estoy encantada con esta entrevista, de momento. Y me puedo sentir más o menos cómoda con alguna de esas etiquetas que indica. Todo depende de cómo me pille el estado de ánimo. Mi ciclotimia me delata. Aunque le diré que el etiquetaje me hace sentir un producto manufacturado en general. No creo en ellas, pero voy una por una: poeta es probable que sea porque amo la poesía e intento aportar algo. Es una palabra enorme. Me halaga que me consideren en algún momento como tal. Pero la poesía me merece todo el respeto del mundo. Siempre seré una aficionada. Profesora soy, es lo que me da de comer, y es un trabajo maravilloso. Duro, sí. Pero enriquecedor. Aprendo todos los días de mis alumnos. Editora soy a ratos, claro. Es terriblemente difícil dedicarse a publicar libros, y más complicado aún es editar libros buenos. Si es por amor al arte, como en mi caso, es una ruina. De todas formas, me encanta. Dinamizadora cultural… no sé. Cansa un poco, porque a veces no se valora o no se entiende desde fuera el trabajo que supone organizar cualquier tinglado, de la índole que sea. Soy más “activista” o como se dice en mi tierra “culturetajartible”. Y articulista de prensa, lo soy, lo soy. Y me llena muchísimo. He descubierto una pasión que me mantiene al quite de lo que pasa alrededor, de la actualidad. Y comentar lo que veo y que me dejen hacerlo desde mi propia lente y perspectiva es todo un placer que engancha muchísimo.


Sea sincera ¿Cuántas veces le han preguntado últimamente si volverá a publicar El ático de los gatos?


(Risas) Si le digo que todos los días, ¿se lo cree? Me ofrecen multitud de proyectos y vías para volver al “lío” de la edición de una revista en papel de similares características. He estado al frente de El ático de los gatos casi siete años, y cinco, con la versión infantil y juvenil El ático de los gatitos, y a pesar de contar con ayuda de buenos amigos, y luego de la que ha sido mi compañera en Takara Editorial, Carmen Sotillo, era mucho el trabajo, muchísimo, y aunque casi siempre ha sido muy satisfactorio, a veces las vicisitudes en lo personal y económico, aunque odio hablar de temas tan feos, me han llevado a plantearme tirar la toalla. La soledad en la gestión cultural es triste y dura. Pero aquí estoy. Y sigo con proyectos preciosos, en lo digital, con mi amigo José Manuel Rosario director de la revista Blanco Sobre Negro con quien colaboro estrechamente, y continuaré con la Colección Wasabi de la mano de otro amigo y gran profesional de la edición: José Luis Trullo, en la Asociación Cultural Cypress. Además, colaboro trimestralmente con Paco González Fuentes en su 142 Revista Cultural, en papel. Sigo en pie.


¿Y a cuántos “amigos” pierde cada vez que abandona la edición?


(Más risas, pero con matiz tristón). Ay. Qué gran tema. Hay mucha turbidez en este mundillo, demasiada. Egos, intereses soterrados, malas artes, codazos, etc. ¿Recuerdas el anuncio de los Donettes? Sirve para visualizar un poco lo que ocurre. Pero ya lo voy asumiendo y aprendiendo a que no me afecte en lo personal. No son amigos los que se acercan por interés, ni por supuesto lo son, los que se alejan por no haber conseguido sus objetivos. Si algo tengo claro a la hora de editar es que no publicaré a nadie por afinidad amistosa. Persigo la calidad, y sólo me atengo a esos criterios. Publico aquello que me gusta leer o esos libros que quiero y necesito ver en una librería o en la biblioteca particular de lectores con buen gusto.



Hablemos de su último poemario, titulado Los ángeles fríos. En un verso del poema Tres mujeres, de Sylvia Plath, podemos leer: “El avance infinito, los ángeles fríos, las abstracciones”. Se lo confieso. No creo en las coincidencias. ¿Qué grado de parentesco tienen sus ángeles con los de la autora estadounidense?


Claro que no es una coincidencia. De hecho es mi homenaje particular a una de mis autoras de cabecera. La obra de Sylvia Plath me ha marcado. Afortunadamente está en auge. Nuevas ediciones, traducciones, etc., nos traen la voz de esta incomprendida autora. Y en Los ángeles fríos intento traer parte de su esencia, rendirle un homenaje desde la humildad y el respeto. De hecho hay un poema para ella, explícitamente. Y todo el libro gira alrededor de conceptos que encontré en sus poemas. Más que conceptos, sensaciones, que curiosamente compartimos, aunque suene presuntuoso, desde mucho antes de que servidora profundizase en la lectura de Plath.

Los ángeles fríos, de todas formas, son las personas, los momentos, las circunstancias que nos hielan de algún modo y cercenan nuestra capacidad de volar. Nos rodean a todos, y no dan tregua.


Como en su trabajo anterior, Nuestra orilla salvaje, vuelve a aparecer con fuerza el tema del paso del tiempo, de la nostalgia. ¿Es producto de la continuidad lógica en la carrera de una autora o podemos hablar de una vinculación de estos dos poemarios que va más allá del hecho de ser obra de una misma persona?


El tiempo nos atraviesa, nos zarandea, nos rompe. Hay que aprender a convivir con el paso del tiempo y a asumir que no tiene por qué ser nuestro enemigo. De todas formas, el tema de la temporalidad, de la finitud, del pasar, es uno de los temas universales de la poesía. Ser conscientes de que nuestra propia fugacidad es inquietante, y no es posible abstraerse. Mejor canalizar esa inquietud.


Una piscina comunitaria en la que “Hordas de nadies salpican sus nadas”, un escaparate desde el que “un maniquí fuera de temporada/ observa mi actitud”. Lo anecdótico, lo cotidiano, se vuelve material poético con una simple alteración del punto de vista. ¿Es usted la que busca la inspiración o es ella la que le asalta en el lugar más inesperado?


Intento buscar el equilibrio y trabajar la disciplina, para que así la musa llegue y lo encuentre todo de su agrado. A veces, por mis circunstancias de madre de niños aún pequeños muy demandantes de mi atención constante, y trabajadora en horarios nada flexibles, debo restar tiempo al descanso y al sueño y “ponerme a escribir”. Pero escribir literatura no es mecanografiar. En poesía para mí no es posible establecer un calendario estricto con horas concretas para pergeñar un verso. Ojalá. Sigo creyendo, y lo digo ahora que no nos oye nadie, en el caos, en el fogonazo, en el suspiro poético. Sí. Y he desarrollado la capacidad de encontrar material para un poema en lo más cercano. Poner una lavadora, mirar escaparates, doblar calcetines y estar en la piscina de la urbanización pueden desvelarnos mundos fascinantes. Imagino que los poetas compartimos mirada con los fotógrafos. Saber mirar es la clave.


La mayoría de lectores asocia la narrativa a la ficción, por mucho que la peripecia vital de los escritores pueda inspirar su obra. Sin embargo, en poesía, el lector tiende a confundir el yo poético con la persona que hay detrás del autor. ¿Hasta qué punto llega la ficción en sus libros?


La poesía es exhibición siempre. En narrativa hay más escondrijos en los que ocultarse. O eso creo. Cuando explico a mis alumnos las características de cada género literario empleo más tiempo en la lírica, y más oxígeno. ¿Por qué? Pues el motivo es que me toca lidiar, cuando sacan conclusiones, sobre todo en bachillerato, acerca de la “utilidad” de la poesía. Esto da para tres o cuatro debates y entrevistas. El teatro ellos lo entienden como entretenimiento. La narrativa, también. Pero la poesía es sentimiento. Es el lenguaje del alma, y eso da mucho miedo. Discernir qué es poesía y qué no lo es. Que cualquier desahogo ripioso o todo lo que rime no es poesía. Y que aquello que a lo mejor no entienden a la primera es poesía en estado puro…

No sé, como docente es muy complicado, pero maravillosamente sencillo a la vez. Como autora y editora, ni te cuento. Los que amamos la poesía somos seres muy complejos.


Sus poemas tienden a ser cortos, contundentes. ¿Es de las que cree que, como el diamante, el poema requiere de un trabajo de presión y reducción para hacerse precioso?


Estoy en constante búsqueda y aprendizaje. Y en mi escritura tiendo últimamente a la concisión, aunque suponga un esfuerzo mucho mayor, porque al contrario de lo que se cree, la síntesis, la brevedad en la poesía, es lo opuesto a lo fácil. Lo breve no es simple. Decir mucho en pocas palabras, dejar espacio al silencio. En ello estoy.


En su poesía, se la adivina apasionada. En sus artículos, reflexiva y atinada. ¿Con cuál de esas dos personas se identifica más en su día a día?


En el punto medio está la virtud, ¿no? Me gusta identificarme con la persona reflexiva y atinada, pero casi nunca lo consigo sin habérmelo propuesto. Me puede más el apasionamiento y el impulso, qué le vamos a hacer. Aunque claro, la madurez es ir con tiendo, con peso y medida. Maduramos y caemos del árbol, de bruces, y empezamos a pudrirnos. ¿No es mejor permanecer como quien vuela a la merced del viento colgados de una rama? Piénselo. Atinar, y tener demasiado pegados los pies al suelo no tiene tantas ventajas. Soñar siempre es preferible.


Es usted una persona creativa. Imagino que se traerá algo entre manos. ¿Qué anda escribiendo? Si no es mucho preguntar.


Estoy ahora mismo en varios proyectos como ya he comentado. Y escribo lo que puedo y cuanto puedo. Espero concluir mi primera obra narrativa, seguir con los artículos y entregar a tiempo los poemarios que debo. Con eso me doy por satisfecha. Pero lo que más inquieta me tiene es la organización de un par de cosillas y las nuevas aventuras editoriales. Siempre me lanzo sin red. Hasta ahora no me he roto ningún hueso importante, sólo alguna contusión. Espero continuar en el buen camino y disfrutarlo. Es lo único importante, amar lo que se hace, establecer lazos de afecto y contribuir para enriquecer, sin intención de parecer presuntuosa y en la medida de lo que se pueda el panorama literario actual. ¿Por qué no? En todo ello, mi plan de vida, vuelco mi creatividad cuando me lo permite la crianza y educación de mis hijos (un trabajo de alta intensidad que exige de gran habilidad estratégica y de conciliación).


Pues ya hemos terminado. Espero que haya sentido cómoda. Muchísimas gracias por su visita. Recuerde que siempre tendremos hueco para usted en esta consulta sin necesidad de cita previa. Vuelva cada vez que lo desee. Será un honor charlar con usted.


El honor y el placer es siempre mío. Es un gustazo charlar con personas auténticas de verdad, con tanto sentido de la elegancia y el buen hacer. Mil gracias. Y a vuestra disposición, siempre.


Por Manuel Valderrama Donaire





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