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  • Dr. Goodfellow

EL RETO DE LOS POEMAS ENCADENADOS IV



Carta de restaurante en endecasílabos con rima interna, de Laslo Vasconcelos

Pídeme caracoles con frijoles.

O mejor con arroz y muchas coles.

¿Me aconsejas lentejas con orejas?

¿Y una media de almejas? ¿Y mollejas?

¿Cómo están los garbanzos de Betanzos?

No te manches la ropa con la sopa.

¿La ensalada va fría o va templada?

Los guisantes con huevos, humeantes,

con salsa de comino y vino fino.

¡Berenjenas rellenas con cayenas!

El plato es abundante y muy picante.

Se requiere cerveza con certeza.

¿Te opones si pedimos boquerones?

¿Prefieres codornices o perdices?

Yo prefiero cordero de primero.

Solomillo en su salsa con tomillo.

Chorizo y calabaza en pan de hogaza.

Parrilla de costilla y de morcilla.

Cambiemos el mantel para el pastel.

De remate pedimos chocolate.

Yo me lo tomaré con un café.

Pues yo me daré un lujo. Trae orujo.

Beatusille (por decir algo)

Pues yo me daré un lujo. Trae orujo,

que en buena compañía bebería

hasta caer redonda en plena ronda.

Pero seré prudente, que la gente

tiene la lengua larga, y vaya carga

ser fea y bebedora y escritora,

y que te sobre un kilo, y que el estilo

de tu último poema sea un problema

sin solución posible; que sea horrible

cada voz, cada rima; que dé grima

escucharlo en voz alta. «No hace falta»,

me dirán sin respeto. Y yo prometo,

poniendo por testigo al enemigo

de este florido verso que disperso

con tamaña alegría, que me iría,

si posible me fuera, la primera

a una ermita pequeña a coger leña,

a vivir de mi huerto. Ya lo advierto:

que tengo al de Belmonte de horizonte,

su descansada vida por querida,

su humilde estado como el más amado

y el corazón rendido al colorido

de un campo imaginario y rutinario

donde encontrar abrigo en un quejigo

mientras llega la muerte. Vaya suerte.

Pimpinillas (un vis a vis), del Marqués de Valderrama

Por ingratos que seáis,

encadenaremos versos

hasta volver a los bares.

No importa que nos leáis

o nos ignoréis perversos.

Rimar nos quita pesares.

Rimar vinos con cerveza,

con vodka, güisqui u orujo,

todo tipo de licores;

que quien a beber empieza

sentirá, como un embrujo,

que vive tiempos mejores.

Encabalgaremos vasos

con brindis en consonante

y metáforas con hielo.

De estrofas no habrá retrasos

si el tequila es abundante

o el licor de caramelo.

Elevemos, pues, la copa,

alcemos amables cantos

por nuestro próximo encuentro;

que, juntándose la tropa,

se acabarán estos plantos

que llevábamos por dentro.

Cadáver exquisito, de PhilomenaDuvoltier y el Marqués de Valderrama

A la velocidad de las palabras,

cáscara amarga de la antigua inocencia,

una moneda al sol en agosto.

En tus ojos el cava burbujea

y el telón deja un hálito siniestro,

que se pierde entre flores muertas,

que adornan mi suelo de piedras vivas,

que señalan el regreso

al dolor, al llanto primero.

El anuncio de tus ojos cerrados

que tu mano abrirá cuando las olas,

el avance, la violencia, la calma,

el sonido mullido de tu saxo

deletreándome las piernas. Pero las calles hierven.

No hay noche sin drama.

Digo adiós a este juego compartido

en el que tú y yo y nosotros y la luna

sola, reina de las estrellas y los grillos.

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