Buscar
  • Dr. Goodfellow

CONCIENCIA DE CLASE, de David Mayor


Tengo que reconocer que, en estos extraños días, cuando mis obligaciones de mamífero padre, hijo, hermano, amigo, marido, payaso, profesor, cocinero y alumno confinado (solo por mencionar algunas) me lo han permitido, me he refugiado en la lectura. Más que en la escritura. Es decir, como viene siendo habitual. Sin embargo, no me puedo concentrar adecuadamente. Y eso me provoca algo de ansiedad. ¿Cuándo tendrá uno otra oportunidad así de abrazarse a los libros? Pues tampoco conviene ponerse dramáticos. Igual, sin ir más lejos, de nuevo en otoño.


Con todo, he ido avanzando como he podido, en lo uno y en lo otro, reptando si se quiere, pero avanzando al fin. Y como hace ya tiempo que no me peleo conmigo mismo en ese sentido, he ido seleccionando lecturas pendientes que me apetecían (o creía que me apetecían) y trabajando en un proyecto que nada tiene que ver con los días que vivimos. Tengo muy claro que nadie, situado en el vientre de la tormenta, está en condiciones de crear la literatura que a mí me interesa. Tal vez se puede informar, investigar, fantasear. Pero poco más. Hace falta perspectiva, cuando menos.


Hasta ahora no había deseado recomendar nada en concreto. Me suele pasar; me quedo en silencio cuando, de repente, el ruido. De hecho, son tantas las propuestas y las recomendaciones lectoras que nos llegan por tierra, mar y aire que parece que el mundo entero haya absorbido el espíritu con el que nació la consulta del Doctor Goodfellow ahora hace un año; esto es, recetar buenos libros. Y está bien, supongo, peor sería que recomendasen pizzas de piña con anchoa.


Y digo hasta ahora porque, por fin, traigo bajo el brazo un libro que sí quisiera compartir. Un libro que he descubierto gracias a mi camello. Un buen vecino y mejor amigo con el que quedo una vez por semana en los contenedores de la esquina y nos pasamos droga. Coordinamos la salida para tirar la basura y, siempre respetando las medidas de prevención, nos entregamos el paquete.


CONCIENCIA DE CLASE (Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2014) de David Mayor me ha parecido un libro de poemas extraordinario. Y digo extraordinario porque, en efecto, me ha resultado inusualmente singular. A veces tengo la sensación de que, últimamente, todos los buenos poetas se me parecen. Este poeta, sin embargo, me ha parecido de una gran personalidad. Consigue, sin despeinarse, citar a Safo de Mitilene, Nietzche, Leopardi o Kierkegaard y uno parece detectar palabras bien digeridas de Camus o Yeats. Consigue deshilvanar el frío denso del Cierzo o alcanzarte la garganta con elegías a su padre. Y mencionar a Patti Smith o una colección de cómics mítica de Marvel (What if) que tuve la suerte de disfrutar cuando niño. En fin, una poesía reflexiva y honda, sabia, pero que llega al lector con la claridad y calidez del abrazo de una madre.

Que me haya arañado tanto, nada tiene que ver con el hecho de que este que aquí habla, en otra vida, tuviera una novia en Zaragoza y pisase algunos de los escenarios que se trazan en el libro. Ni con la certeza que siempre tuve de que en Zaragoza se han cocido (y cuecen) otras cosas más allá de Kase O, Bunbury o Manuel Vilas. Tiene que ver con la capacidad del poeta de, a través de distintas propuestas formales y temáticas (hay poemas en prosa, verso y otros muy breves que son casi aforismos) hablarme de la escritura, la amistad, el amor y la muerte. De un modo único y compacto. No en cada poema, claro. Pero sí con la lectura completa del libro. Así, atravesamos primero un Inicio, luego un Escritorio, un Punto y Aparte y finalmente un Apéndice titulado El país que existe. Partes en las que está estructurado el poemario.

He seleccionado un fragmento que pertenece a ese Inicio (un texto que, el mismo autor deja nota, ligeramente retocado, acompañó a un cuadro de Natalio Bayo en el catálogo de la exposición Rostros/Retratos. Del pasado al futuro) y cuatro poemas. 5 esquinas dobladas, solo como muestra del goce que al lector espera.


A través de mi padre

Recordar no es vivir de nuevo; es habitar una ausencia que nos calma de otra manera. Recordar es una de las formas de la mirada. Seguir un cul-de-sac hallando la salida donde parecía ausente. Fijarnos, detenernos, contemplar que acaso la existencia verdadera se concentre resumida en los destellos y la calma. Recordar es mirar cómo escribimos la vida que nos pasa, pero no vivirla de nuevo con prosa reiterada. La prosa es un día cualquiera que nos lleva. A nuestro alrededor se extiende la prosa del mundo. Pero no hay que desentenderse del todo de la prosa, ni siquiera esquivarla, porque a través de ella tanto lo que hemos vivido como aquello que no corresponde con los días (…)

Idea de la juventud

Era una criatura de espíritu entusiasta,

que repetía con sagaz pertinencia:

“la mayoría de los hombres son como las castañas falsas,

que se parecen a las auténticas pero no son comestibles”.

Sabía que no hay nada en la vida

por lo que merezca la pena perderlo todo,

que la poesía es nación de adultos,

que el peligro tiene diferentes nombres,

que a veces no tiene nombre,

que cuando llega el miedo alterna oraciones simples con

rupturas sintácticas. Lo sabía,

pero vivió relamiéndose la vida hasta el error

y subió las pequeñas montañas que guarda

una ciudad de provincias.

Creó, como los dioses, su propia importancia.

La edad de la inocencia

No confíes en nadie que tenga más de treinta años,

Perderás el tiempo. Son fácilmente corrompibles y

creen haber cambiado, definitivamente, la realidad

por el deseo. Los recuerdos empiezan a pesarles más

que la esperanza. Todo parece nacer y morir a la

vez. Son los fantasmas que nunca imaginaron. No

confíes en nadie que tenga más de treinta años.

Escuchó con cierto desencanto la sencillez casi

infantil de aquellas palabras. Los ojos sin pintar, la

cara limpia. La suficiente clase para no inmutarse.

Se levantó y se fue. Nadie desconfía de quien parece

que va a algún sitio.

Nacionalidad

Un once de junio cayó Troya, murieron Alejandro,

John Wayne, Juan José Saer y mi padre. Un once de

Junio se alcanzaron las tierras frías de Alaska, Frank

Morris nadó contra todas las corrientes para escapar

de Alcatraz, nacieron Kabawata, el gran Jackie Stewart

y Héctor Cerbero, mi agente secreto.

El hombre moderno entiende la deriva como principal

forma de experiencia. Se lanza hacia la incertidumbre

y la carencia de vínculos inmediatos para luego

repensarlos. Por el contrario, el hombre antiguo era

feliz dentro de su límite, un límite que armonizara

con la naturaleza. Desde su constante anomalía, el

hombre moderno siente nostalgia del hombre antiguo

y sus vínculos, por lo que algunos hombres modernos

en su andar oblicuo intentan escapar a lo totalmente

arbitrario mirando hacia atrás. Saben que acaso solo

encuentren fantasmas del viejo mundo, criaturas del

aire, imágenes que se terminan al ser miradas, pero

no les importa, quieren ser felices.

Piezas de taller

Escribir con brújula, desconocer el camino que

recorres, decantarse por la pertinencia del oficio frente

a la indulgencia del genio, saber de lo contumaz y del

abandono, mantener el extraño equilibrio entre soledad

y sociabilidad, tener un lector despiadado dentro.

Virtudes poéticas: palabras utilizadas como detalle

irrepetible, voluntaria omisión de datos, capacidad

de síntesis, falsa tendencia a la parquedad, dar forma

visible al tiempo invisible.

Simplemente una voz posible en una situación posible:

nunca olvides la diferencia que hay entre lo que uno

cree que hace y lo que realmente hace, que el éxito y

el fracaso son don impostores.

Y acabo por el principio, con uno de los epígrafes que encontramos al abrir el libro.


Renuncio a ser poeta original, pues su precio es falta de libertad: un sistema estilístico es demasiado exclusivo. Adopto esquemas literarios trillados para ser más libre. Naturalmente, por razones prácticas. (Pier Paolo Pasolini).


Y acabo por el principio: Ábranlo cuando pase toda esta pesadilla. Y luego me cuentan. Me gustará saber su opinión.


Carlos Torrero

22/04/2020/ día 41 de confinamiento.

104 vistas

©2019 by Dr. Goodfellow. Proudly created with Wix.com