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  • Dr. Goodfellow

LUX o la distopía cercana




A nadie le sorprenderá si me atrevo a afirmar que vivimos tiempos extraños. Y no lo digo solo por la pandemia, que también. Ya antes de que la alerta sanitaria desordenara (o, mejor dicho, reordenara) nuestro día a día, nos enfrentábamos como sociedad a una transición, todavía incompleta, de un modelo en decadencia, que se ha visto acelerada por la irrupción del virus. Una fuerza del cambio que camina a ciegas tironeada por fuerzas opuestas que intentan que la mayor parte de la cuerda quede de su lado. A nadie se le escapa que el cansancio democrático surgido a raíz de la crisis financiera de 2008 dio como resultado el auge de una nueva forma de hacer política en la que el eslogan ha sustituido a los argumentos. En la que el histrión se ha impuesto sobre el gesto y la discusión de barra de bar sobre el debate. La prensa ha sido sustituida por la posverdad y la narración de la noticia ha dado paso a la opinión. Las redes sociales, esos templos consagrados al yo en los que abundan los profetas y escasean los fieles, han creado burbujas de pensamiento en los que nos encastillamos en nuestras ideas interactuando con aquellos que las comparten y confrontando e insultando al resto.

Este caldo de cultivo ha favorecido la reaparición de una extrema derecha que se presenta como novedosa, pero que se duele de los mismos tics desde hace un siglo. Pero que, eso sí, ha sabido adaptarse a las mil maravillas a la realidad virtual de la red de redes retorciendo el lenguaje y los datos, haciendo que el ruido ocupe el espacio de las ideas y que la furia verbal se extienda sin pudor entre los nostálgicos de un mundo que desaparecerá sin remisión, sin importar cuáles sean los movimientos que hagamos como sociedad en los próximos años.

El novelista Mario Cuenca Sandoval ha escrito una crónica alucinada de estos días extraños dando un pequeño salto distópico al futuro de un país, al que llama España, recién salido de una pandemia, que bien pudiera ser la real o una ficticia, en el que un partido de extrema derecha alcanza el poder haciendo uso del sistema democrático para dinamitarlo. El autor elige para contar su relato el punto de vista de un converso. De un creyente que abraza el ideario ultranacionalista como método de sanación de sus heridas. Y es que el texto es, en parte, la confesión de un hombre que, tras la pérdida de un hijo, decide abrazar sus prejuicios y luchar contra sus propios impulsos naturales adoptando el programa de curación, tanto personal como nacional, organizado por el partido tras alcanzar el gobierno. Pero también es la crónica de “una civilización que ya no confía en las palabras, solo en las imágenes” y se deja arrastrar por la emoción confundiendo al país con sus símbolos, despojándolo de las personas.

En definitiva, LUX es un relato de rabiosa actualidad que ojalá sepamos convertir en un futuro improbable. Una novela que nos muestra los preámbulos del autoritarismo enfrentándonos al espejo de una sociedad azuzada por los discursos del odio, con un nulo interés por intentar comprender al que piensa o vive de un modo distinto. Nos queda la esperanza de que nos sirva de aviso y podamos desactivar los peores escenarios. Si es verdad, como dice uno de los personajes de esta novela, que “… tal vez la imaginación esté condenada a fracasar en sus predicciones, por exceso o por defecto de optimismo”, esperemos que, en este caso, Mario Cuenca Sandoval haya pecado de lo segundo.


Manuel Valderrama Donaire

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