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  • Foto del escritorDr. Goodfellow

Los versos de Lázaro, de Isaac Páez


LOS VERSOS DE LÁZARO

 

Páginas: 45

Editorial: Averso Poesía

Año de publicación: 2024

 

Cuando de buena literatura hablamos, las sinopsis siempre han tenido las manos muy pequeñitas; apenas alcanzan a pellizcar lo que el lector tiene realmente entre ellas. Puede que dé alguna pista que guíe al lector y encienda el deseo de adentrarse entre sus páginas, pero de ninguna manera el simple registro de la atmósfera o las acciones más destacadas que ofrece la obra (con la verborrea inocua publicitaria de siempre) puede hacerle justicia. Faltan talleres de escritura especializados en el verdadero arte de escribir sinopsis, me temo. El reto definitivo. A mí siempre me ha parecido dificilísimo; incluso, en ocasiones, casi rídiculo. Si, además, se trata de una obra poética, se me antoja una utopía. ¿Quién se atreve a encerrar el misterio del discurso lírico en cinco líneas? ¿Crear la sinopsis de la Poesía completa de Emily Dickinson? ¿De Hojas de hierba, de Walt Whitman? ¿Qué tal los Cantos, de Pound? ¿Poemas y antipoemas, de Nicanor Parra? No nos vayamos tan lejos. ¿Cómo de imposible es resumir Los versos de Lázaro, de Isaac Páez? Decía un viejo profesor que tuve que si una obra literaria podía resumirse en un puñado de palabras, grosso modo, mala cosa. Pues es probable que el lenguaje no se haya afilado lo suficiente, o que contenga exceso de literalidad, o que sea un discurso pobre, sin reelaboración ni eje de recurrencia constructivo. También es muy posible que carezca de densidad estilística y estructural, y, por tanto, de un juego de dependencias que reverberen entre sí. Es decir, que puede que estemos hablando más de un yogur (del que harán el correspondiente anuncio multimodal pronto o una serie de TV) que de una obra que aspire a ser Literatura con mayúscula.


El debate de qué es literatura y poesía valiosa (y qué no) no nos interesa abordarlo aquí hoy, por ser largo y circular. Lo que sí nos interesa destacar es que, al menos, aquí, en la consulta del Dr. Goodfellow, sabemos reconocerla cuando la tenemos delante, y en este pequeño libro hay un poeta solvente y verdadero. ¿La sinopsis? Un poemario sobre su hijo autista nacido en tiempos de pandemia; un libro en el que la desolación, el duelo, la duda y el cansancio comparten con la esperanza y el amor el espacio de sus imágenes. Buen intento. Pero ya digo: apenas nada. Imposible. Será mejor que el lector se acerque a este libro y no se deje confundir por el diseño elegante y la ilustración un tanto impersonal y aséptica de la cubierta (parece extraída de un banco de imágenes de esas que ilustran cualquier curso de pintura o dibujo para niños) y ahonde en su crudo interior (magníficamente editado, todo hay que decirlo) y se deje atravesar por poemas como Oficio de silencio, Escribir o Lázaro, una epístola estremecedora a los verdaderos protagonistas de todo el libro: la palabra y el silencio. Y, entre ambos, Lázaro, el poema, la poesía. Tal vez todos tengamos algo de Espectro. «¿Qué sílaba esperar de quien nació en silencio?/ ¿Qué mejor discurso para este tiempo oscuro?»


Aquí en la consulta, hemos leído la obra (poesía y prosa) casi completa de Páez (1922, Desde el punto inmóvil, Los versos leporinos, Fibra óptica, Hijos del euríbor, Disparos al aire, Nowhere Man, Brexit…) y son muchos los rostros que adquieren sus contundentes versos, ya sea en metro medido o verso libre. La denuncia social y la conciencia de clase, la rabia, cierta épica de la cotidianeidad y la modificación individual del patrón de héroe actual son algunas líneas maestras que frecuenta con éxito (el desfile de reconocimientos y premios que se le han concedido, no por casualidad, puede dar una buena muestra). Pero, sin duda, esta poesía suya (por suerte, ya nuestra, gracias a editoriales comprometidas y valientes como Liliputienses y Averso Poesía), íntima, descarnada e incisiva hacen de este libro una de sus mejores obras o a mí me lo parece, homenaje incluido al gran José Ángel Valente. Acérquense a cualquiera de ellas y, por supuesto, a esta última. Descubrirán un todo de partes resonantes, una suerte de obra en marcha juanramoniana que, aunque tienda al silencio, estalla en oído, boca (del estómago) y corazón.

 

Carlos Torrero

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